Los países mendigos
Sergio Antelo Gutiérrez
Sigue causando revuelo la pelea entre los ‘nacionalizadores’ de los hidrocarburos y los que sostienen que, dadas sus enormes complejidades -técnicas, económicas y de mercado, entre muchas otras-, el negocio es factible solamente con la presencia de las multinacionales. A esto se agrega la disputa por los cargos que ha encendido la lucha casi mortal de dos provincias tarijeñas por hacerse acreedoras de una de las vicepresidencias del resucitado YPFB. Una lucha por 10 ‘pegas’. Qué miseria.De otra parte, como dos amantes que desconfían mutuamente, se enfrentan quienes sostienen que primero es el referéndum autonómico, mientras que otros piensan lo contrario, ya que presumen que la autonomía puede significar el primer paso para la independencia nacional de los cruceños; los segundos quieren imponer la primera porque presumen que de esta manera se frenaría a los ‘separatistas’ y, de paso, se daría lugar, en pleno siglo XXI, al renacimiento del gran Tahuantinsuyo, donde por fin los indígenas impondrían sus ‘usos y costumbres’ y controlarían los resortes políticos y represivos del Estado para recuperar su paraíso perdido. Qué ilusión.La historia de la humanidad demuestra que la generación de riqueza sólo se realiza a partir de la Revolución Industrial en el siglo XVII, que crea bienes de consumo con valor agregado y vuelve rico a quienes lo logran. Esto exige ciencia y tecnología, pero ante todo institucionalidad. Esto colocó a la cabeza del mundo a los países centrales del capitalismo europeo y norteamericano que subordinan, en calidad de semicolonia, a los países o regiones que se estancan en la agricultura y en la explotación de materias primas. El problema de América Latina, con énfasis en Venezuela y Bolivia, es que estos países han sido monoexportadores de materias primas sin ningún valor agregado. En el primer caso fue el petróleo y en el segundo los minerales (plata y estaño y ahora gas), que han engendrado Estados ‘rentistas’, es decir que viven de las ‘rentas’ por la explotación de estos recursos, pero que acaban alimentando la burocracia, la corrupción y la miseria.Si comparamos el ingreso per cápita de Venezuela, sustrayéndole la renta petrolera, con el de Bolivia, la situación entre ambos no es muy diferente.Las reformas constitucionales no crean riqueza nacional, basta citar el ejemplo de Ecuador, donde muy a pesar de la bonanza petrolera y el ingreso del ‘poder indígena’ en las decisiones estatales (Gutiérrez, el derrocado, es su mejor ejemplo) se demostró que, a partir de aquéllas, el nivel de pobreza de estos grupos alcanzó el dramático porcentaje del 80%. (Le Monde 04/05-Tranier).Las autonomías regionales sí pueden crear riqueza, porque desde su plataforma democrática es posible revalorizar al ciudadano, construir una institucionalidad capaz de recrear una mentalidad productiva, incentivar la planificación, la investigación, la ciencia, la tecnología, la industrialización, la inversión, la seguridad jurídica, entre otras. Si esto sucede así, dejaríamos de ser países mendigos. Ésa es la propuesta.www.
nacioncamba.net
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